viernes, 13 de marzo de 2009

Creatividad en radio


La creatividad es el alma de la radio. Por el contrario, lo peor que le puede pasar a nuestras producciones de radio o a nuestra propia práctica de hacer radio es acomodarse en un estilo, en unos procedimientos, en una misma manera de hacer radio que, por muy buena que haya sido en un momento, terminará por volverse monótona, aburrida, “encasillada”.

Bajar el ritmo de las normas

Respecto a la invitación de Tito Ballesteros, lo que pasa es que toda posición acomodada, estática, “institucionalizada” va en contra de la propia naturaleza del medio radio que es dinámico, cambiante, innovador, provocador, interactivo. Esta constatación resulta especialmente significativa para los católicos que hacemos radio, por las consecuencias directas que tiene en la comunicación de la Buena Noticia del Evangelio. Que nuestras prácticas comunicacionales contrasten con la fuerza, dinámica y novedad del Evangelio es un signo contradictorio en la Evangelización y la Misión.

El abordaje a los diferentes formatos o géneros radiofónicos como el noticiario, la entrevista, el reportaje, la cuña, la mesa redonda o el radio drama, nos ilustran todo ellos pautas importantes de producción en respuesta a nuestros objetivos comunicacionales y en función del tipo de público con el que queremos interactuar, sin embargo aún en los propios géneros radiofónicos no existe una “última palabra” y su denominador común es la creatividad.

Un abecedario al servicio de la creatividad

En la radio tenemos, sobre todo, su lenguaje, es decir un repertorio de herramientas a nuestra disposición con las cuales podemos ejercitar el arte de la comunicación. La palabra, la música, los efectos de sonido y el silencio constituyen de esta manera el alfabeto de un mundo mágico de comunicación que todavía no conoce fronteras.

Definitivamente la radio es lo que es gracias a los buenos radialistas.

Planificación y espontaneidad, el justo equilibrio

Nos llama la atención la permanente insistencia en la planificación en la producción de nuestros programas, en la necesidad de no tornarse en máquinas parlantes, en locutores ”sentados”. Y es que nuestro público se merece el mayor respeto, la radio es ante todo un medio de servicio social y el comunicador es un profesional que conoce, profundiza, actualiza y planifica su trabajo.

Por otro lado, en los buenos ejemplos de cómo hacer radio, reina el lenguaje coloquial, la afabilidad, la comunicación informal y el calor humano. Aparentemente contradictorios resultan estos elementos tan importantes en la buena producción de radio: la planificación y la espontaneidad. Creo que es importante saber dar su lugar a cada uno de estos poderosos elementos. Hay que planificar profesionalmente de manera estructural, pero hay que tener la capacidad de expresar los contenidos y líneas de esa planificación en un lenguaje natural y coloquial que tiene mucho de espontaneidad. El justo equilibrio.