martes, 25 de noviembre de 2008

MCS: Más allá de la visión instrumental


Los medios de comunicación tradicionales y modernos ocupan un lugar primordial en el análisis y caracterización de nuestra época. Sin embargo, una mirada más amplia e integral del fenómeno comunicacional, puede ofrecer mejores perspectivas a la hora de proyectar acciones pastorales.

No se puede perder de vista que la comunicación social es ante todo una facultad humana que ha acompañado al ser humano a través de su larga historia. Esta facultad básica se ha visto potenciada, amplificada y, en cierto modo, cuestionada, en la época moderna, por la aparición de los medios de comunicación. Esta perspectiva abordada y liderizada por la Iglesia católica en los años 60 tiene la virtud de ubicar los procesos comunicacionales en su justa dimensión y relevancia.

Por un lado, esta nueva perspectiva permite ubicar los problemas de comunicación de nuestro tiempo más allá de las tecnologías que los vehiculizan, enfocando las causas en la compleja red de relaciones humanas, socio políticas y culturales. Por otro lado, este reenfoque permite recuperar la grandeza y potencialidad de la facultad humana de la comunicación para aprovecharla adecuadamente con el discernimiento de las tecnologías de comunicación.

La Iglesia católica también experimenta, con frecuencia, el riesgo de reducir el fenómeno comunicacional a los instrumentos que lo vehiculizan. Sin embargo y con mucha esperanza, es importante advertir cómo en las actuales prioridades de la acción pastoral sobresalen los componentes humanos y culturales como cruciales para su eficacia.

Una línea inicial de acción importante que brota de este reenfoque es que la primera capacitación que deben recibir los comunicadores católicos en la Iglesia debe responder a su facultad natural de comunicación. La autoestima y confianza en sí mismo, la capacidad de escucha y observación, los talentos naturales, la expresión verbal y corporal, la capacidad de diálogo, el perdón y la reconciliación, las estrategias de organización y coordinación, la acogida y animación, entre otros, son capacidades comunicativas en las que todos los bautizados deben ser formados